Reddit salir con una chica cristiana

Interesante...

2019.06.27 13:45 nco_92UY Interesante...

A raíz de este comentario que hice en el post sobre las teorías conspirativas, se me dio por buscar información, sino no iba a podía dormir anoche, pensando en túneles (muy normal todo), encontré algo muy interesante, escrito por un tal Prof. Marcos Medina (es largo pero vale la pena):

TÚNELES, CRIPTAS, ARROYOS, PERSECUCIONES Y TIROTEOS
HISTORIAS DEL MONTEVIDEO SUBTERRÁNEO
El submundo montevideano no es demasiado diferente de las ficciones terroríficas o las oscuras visiones con las que la literatura y el cine han pintado desde siempre esos reinos plutonianos: mucha piedra, oscuridad, un aspecto laberíntico y, especialmente, un olor infame. Habitado no sólo por bandadas de ratas y por miríadas de cucarachas, sino también por cirujas que "sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar" -como recordó un policía-, y visitado por guerrilleros en la década del 70, y por empleados municipales y algunos pocos curiosos hoy, las cloacas y los subterráneos montevideanos son también una promesa de información aún poco explorada para los historiadores. Esta nota recupera la memoria y el enigma de esos viejos túneles de la ciudad sitiada, los enfrentamientos entre guerrilleros y policías o militares, y los también montevideanos cementerios y arroyos olvidados bajo la faz de la tierra.Como todas las ciudades amuralladas del mundo, Montevideo no fue la excepción en cuanto a la necesidad de vías de escape alternativas, escondites y caminos secretos de abastecimiento. Durante la colonia, Montevideo utilizó varios túneles como una estrategia defensiva ante la eventualidad de un sitio y la necesidad de una rápida huida o un reservado ingreso. Con el tiempo, las nuevas construcciones, las crónicas de época, las sucesivas excavaciones y las esporádicas intervenciones arqueológicas han revelado parte de este pasado.Uno de los túneles de Ciudad Vieja unía el Cabildo y el Fuerte del Gobernador, que estaba erigido en la actual Plaza Zabala. Otro unía el Cabildo con el Cubo del Sur, la última línea de defensa próxima al Parque de Artilleros, ubicado este último debajo de las actuales instalaciones de la sede del sindicato de empleados bancarios (AEBU) en Camacuá y Reconquista. Pudo verse y fotografiarse hasta no hace mucho, parte de su trayecto, hasta que fue tapiado en su parte principal: tiene 15 metros de largo, el alto de una persona y 70 centímetros de ancho. Se dirige desde el subsuelo del Cabildo hacia el mar y corre paralelo a las calles Juncal y Ciudadela. Un sistema de túneles converge en los sótanos del Teatro Solís. Uno de ellos, se dirige hacia la Rambla y tiene una extensión de 200 metros. Los otros, van hacia la Casa de Gobierno, el Cabildo, la vieja muralla y el Cubo del Sur. Hoy son recorridos en trayectos de 15 a 20 metros, luego están tapiados. Escolares y liceales realizan allí frecuentemente visitas guiadas. Un cuarto túnel iba desde la Ciudadela, ubicada en parte de lo que hoy es Plaza Independencia, hacia el Cementerio Central, y tal vez haya sido el más famoso y atrayente de todos; fue allí donde el clérigo y masón Mastai Ferretti enterró un tesoro que creció en joyas, oro y dinero a medida que pasaron los decenios. Fue ese mismo tesoro el buscado por años por las hermanas Massilotti. La leyenda y la avidez popular otorgaron dimensiones y funciones a este corredor hoy perdido bajo tierra. "Siempre se dijo que hay muchos túneles, principalmente en la Ciudad Vieja" explica el arquitectoGustavo Aller, encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia Municipal de Montevideo. Las escasas investigaciones realizadas no han confirmado aún la existencia de una red articulada. "El túnel que nace en el Cabildo llega hasta la peatonal Sarandí. Allí está tapiado. Otra versión que nunca pudo corroborarse indica que el túnel era más extenso pero que fue cerrado durante la dictadura por la psicosis de que los Tupamaros lo pudieran utilizar" indica Aller.

Tres escapes desde la Catedral

Otras vías subterráneas corren a pocos metros de allí. Desde la Catedral Metropolitana, apostada frente al Cabildo, salieron alguna vez tres túneles hacia tres direcciones diferentes. De cualquiera de ellos sólo queda hoy una versión anterior o el resto de una entrada tapiada que pudo ser su ingreso.Gonzalo Estévez, párroco de la Catedral, afirma que uno de ellos debía dirigirse al Cabildo, otro al Fuerte del Gobernador y un tercero hacia el Cubo del Sur. Las galerías debajo de Ciudad Vieja parecen no tener fin. Un verdadero pasaje subterráneo conectó en el siglo pasado el casco de la ciudad colonial con la actual calle Pozos del Rey, a pocas cuadras de la Estación Central de AFE, donde se abastecía de agua a la ciudad. Como otros, fue tapiado o simplemente sucumbió debajo de dos siglos de construcciones y demoliciones. La arqueóloga Nelsis Fusco, integrante de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico, fundada en 1993, recuerda las intervenciones realizadas en Montevideo. Dichas incursiones no han demostrado la exacta extensión y continuidad de cada túnel. Pero ayudaron a 'leer' la evolución de la ciudad en cada metro de profundidad. Las antiguas casas mantienen cimientos en arco de un metro setenta de diámetro o más."Las nuevas construcciones deben haber borrado y cortado muchos pasajes", revela Fusco. La especialista advierte que algunas de estas bóvedas corresponden a trozos de la vieja red de saneamiento construida en la segunda mitad del siglo XIX por Arteaga, y otras a restos de depósitos de agua.El investigador de la Iglesia Católica, Monseñor Julio César Delpiazzo, recuerda que debajo de la capilla del Santísimo Sacramento, en la Iglesia Matriz, "había un túnel como para que una persona entrara a gatas, pero la boca de entrada se ha tapiado y nunca se han hecho exploraciones". Del Piazzo refiere además a otro túnel cortado por la tumba del cardenal Barbieri "que no se sabe hacia dónde va, pero sale hacia el Cabildo".Para el investigador Roberto Bonada, las construcciones subterráneas "son un tabú". Varias defensas subterráneas y túneles a que hacen referencia diversos cronistas de época fueron olvidados o removidos por el asfalto y el crecimiento de la ciudad. Botana recuerda el análisis histórico de Eduardo Acevedo en el cual se hace mención a una línea fortificada "que corría desde La Aguada hasta el cementerio central, cruzando las actuales calles de Ibicuy, Cuareim, Yí y Yaguarón; tenía dos metros de ancho, dos varas de espesor y la altura de un hombre, siendo construidos en piedra y ladrillo. Más de una vez en demoliciones en el barrio Sur se han encontrado cañones y agujeros pertenecientes a este trazado".Este investigador propone además un posible pasadizo desde el Palacio Santos, actual dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, sobre 18 y Cuareim, hasta el cuartel del general Máximo Santos ubicado donde hoy se encuentra la sede central de la Dirección General de Impositiva, en Rondeau y Valparaíso.Bonada afirma también que a orillas del arroyo Miguelete viejas quintas poseen construcciones subterráneas "para huir en caso de ataques". En cuanto a los túneles de la Ciudad Vieja, Bonada afirma que los mismos existieron como una red articulada "tanto para defensa militar como para el contrabando, el primer deporte de los uruguayos".

Los cementerios bajo el asfalto

Los llamados 'camposantos' pautaban una zona alrededor de las Iglesias dedicada a enterrar a quienes practicaran la fe cristiana. La ciudad de Montevideo no fue ajena a estas prácticas, y en los anales de Nuestra Iglesia consta la existencia de un cementerio donde hoy se erige el Arzobispado, en la calle Treinta y Tres, junto a donde se emplazaba la vieja Catedral."Al construirse la primera Iglesia Matriz en 1740 -añade Monseñor Del Piazzo-, se empieza a enterrar al costado. Aquella Iglesia se derrumbó en 1788 y eso dio origen a la construcción de la Catedral actual, cuya piedra fundamental se puso el 20 de noviembre de 1790 y se inauguró el 21 de octubre de 1804, manteniéndose el cementerio hasta mediados del siglo pasado, cuando se construyó el Cementerio que hoy se conoce como Central, y luego el del Buceo". El surgimiento de estos cementerios fuera del camposanto se une, según el escritor, investigador e historiador Juan Antonio Varese, al problema suscitado entre la Iglesia y la masonería, ya que aquélla se negaba a enterrar a quienes no siguieran la fe cristiana. "La masonería, entendiendo que ello atentaba contra la libertad de conciencia, es quien busca iniciar los cementerios públicos, que luego la ley hizo obligatorios", indica Varese. El investigador relata que el cementerio del Buceo surge dada la inmensa cantidad de tumbas que de hecho surgieron el la zona: "cada uno enterraba donde quería"; pero con el correr de los años, sólo se permitió seguir estas prácticas al sur de la calle Rivera, tal como hoy se lo conoce. Otro cementerio olvidado debajo de la ciudad es el de la Residencia de San Estanislao de Kostka, una construcción de los Padres Jesuitas en la esquina de las calles San Gabriel y San Juan, hoy Rincón e Ituzaingó, asiento actual del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. La edificación, que ocupaba el frente y gran parte de la manzana, constaba de habitaciones para los sacerdotes, una escuela, un cementerio y una pequeña capilla que, entre 1788 y 1804 ofició como 'Matriz interna' durante la construcción de la actual Catedral.Por último cabe recordar el viejo cementerio inglés, ubicado exactamente donde hoy se encuentra la Intendencia Municipal de Montevideo, en 18 de Julio y Ejido. El investigador Roberto Bonada cuenta que "este cementerio fue canjeado al Estado por el predio actual sobre la calle Rivera porque trancaba el desarrollo edilicio de la ciudad".

De pescadores, patotas y ratas

Debajo de la rambla Sur, entre el dique Mauá y la escollera Sarandí, donde los pescadores se constituyen en figuras integradas al perfil de la costa montevideana, se encontraban varias bocas de entrada a las galerías subterráneas de la Ciudad Vieja. Varias de ellas quedaron tapiadas un año atrás, cuando se concluyó la ampliación del colector que traslada las aguas servidas hasta el emisor subacuático de Punta Carretas. Cuentan los pescadores que aquellos desagües de la vieja red de saneamiento de la ciudad servían como refugio de una banda de infantojuveniles que asolaba a los incautos turistas que a diario visitaban esa zona característica de Montevideo. Hábiles en romper los vidrios de los coches con una certera pedrada y despojar a los vehículos, en segundos, de radios, ropas y cuanto quedase al alcance, los infantos huían luego por la escalinata de la plataforma que da al caño y guardaban su botín en una galería debajo del nacimiento de la escollera Sarandí. Esa banda, que en el verano rescataba las plomadas de los pescadores, nadando en los días de bajante sobre las rocas de enganche, para luego reciclar el plomo y vendérselo a los propios pescadores, conocía todos los rincones de aquella red de saneamiento en desuso. Por ella, llegaban hasta debajo de la Iglesia de Cerrito y Solís, y hasta la punta de la propia escollera. "Bajo la Iglesia -cuenta uno de aquellos ex infantos- hay como unas celdas con unas camas de piedra donde dicen que hacían retiro los curas. En las esquinas de los caños se ven los nombres antiguos de las calles que había arriba. Pero muy para adentro no te podés meter -advierte-, porque vienen las ratas y te patotean."

Una incursión por el 'Túnel Arteaga'

Las botas de goma cubren las piernas hasta la mitad de los cuádriceps. Luego, la protección está a cargo de un equipo impermeable que incluye gruesos guantes de goma y el casco protector. No hay otra forma de bajar a las cloacas de la ciudad y salir seco en el intento. Esto no evita sentir bajo los pies la blandura del fango y los excrementos disueltos en una corriente brumosa de aguas servidas y otras provenientes de las últimas lluvias. A ambos lados un murallón de piedra describe una curva perfecta. Al fondo, la luz de la linterna se diluye en la oscuridad de este tubo inmenso. Estamos en el 'Túnel Arteaga', uno de los principales vertederos de Montevideo, parte de la red más antigua que tiene la ciudad y una verdadera joya de ingeniería.Nace en la calle Galicia a la altura de Rondeau, y recorre toda esta avenida, atravesando como si fuese manteca la cuchilla de piedra sobre la que corre la Avenida 18 de Julio. El 'Túnel Arteaga' cruza de Norte a Sur la Plaza Cagancha, a 30 metros de profundidad, y continúa su viaje rumbo al mar debajo del pavimento. En su mayor parte tiene un diámetro que supera los 3,5 metros y en total, sobrepasa el kilómetro de largo. Cuando llueve como el lunes pasado (69 mm en dos horas), el torrente supera los tres metros de altura y acapara casi todo el diámetro del túnel.Montevideo fue la primer ciudad sudamericana en contar con una red cloacal. Las obras comenzaron en el año 1856 por sistema de concesión de obra pública, concedido a Juan José Arteaga, un constructor privado de origen inglés -a pesar de su nombre- que se valió para concretar esta maravilla de papel, lápiz, una escuadra y la antigua 'ley empírica'. Esta última la constituye la labor desempeñada en obras similares, y no toma en cuenta cálculos o ecuaciones de difícil precisión. El resultado está a la vista: una amplia red instalada bajo toda la Ciudad Vieja y parte del Centro, de tales proporciones que a siglo y medio de construida es utilizada a plenitud por una ciudad de casi millón y medio de habitantes, muchas veces con descuido y desidia. Los 150 funcionarios afectados directamente a su mantenimiento quitaron alguna vez de estas tuberías elementos insólitos: un motor entero de automóvil, el esqueleto entero de un bovino o una bañera íntegra aunque algo corroída por las insanas aguas.

Arroyos bajo la ciudad

El tango 'Garufa', que pregona "del barrio La Mondiola vos sos el más rana" no hace más que constatar una realidad. "En la desembocadura del arroyo de los Pocitos estaba el llamado puente de las ranas, y el tango hace referencia a una figura que pernoctaría allí. Hoy la parada de taxis frente al Banco República se llama La Rana", afirma el investigador Roberto Bonada, para quien "Montevideo no es ajeno a toda la orografía uruguaya: está lleno de cañaditas". Según el investigador, el arroyo de los Pocitos pasa al lado de la Iglesia Tierra Santa luego de bajar desde el estadio (frente a la cancha de Miramar) por las cercanías de las calles 14 de julio, Lorenzo Pérez, pasando por las manzanas de la intersección de 26 de marzo y Luis Lamas, y saliendo por la calle Pagola.El arroyo Seco, que debe su nombre a su pasaje por la quinta de la familia Seco, pasa según Bonada por Tres Cruces (lugar que debe su nombre a tres tumbas de viajeros asesinados y no a un cruce de caminos que fue posterior en el tiempo), "el llamado camino del recodo que hoy es Hocquart, y cruza el camino de Millán y Burgues antes de desembocar". También tenemos el Quitacalzones "que va paralelo a Larrañaga, atraviesa 19 de abril, y desemboca detrás del cine Alcázar, en el Paso Molino donde se junta con el Miguelete, el bien conocido Pantanoso en el oeste, el arroyo Carrasco y el Malvín al este, y más cerca el arroyo La Estanzuela, que viene desde el Parque Batlle por debajo de Acevedo Díaz, pega la vuelta en Gonzalo Ramírez y llega al Parque Rodó, el arroyo del Cardal que viene desde la Universidad y pasa por Constituyente y Yaro, y otro que baja por la calle Barrios Amorín", relata Bonada. Gustavo Aller, arquitecto encargado de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia capitalina recuerda la gran cantidad de brotes y corrientes de agua subterránea que se le presentan a los arquitectos en su labor; "en todo Montevideo hay sótanos que se inundan y aguas subterráneas que nos complican las construcciones -dice-. En Carrasco, a dos metros de profundidad hay agua, y en el Hipódromo por ejemplo, tan sólo a sesenta centímetros de la superficie". En diversas zonas de la ciudad se pueden aún hoy encontrar aljibes, como por ejemplo en las cercanías de las calles La Paz y Cuareim, o en la Aguada, muchos de ellos en uso, como el del Bar Barbacana ubicado en Joaquín Requena y Canelones, a pesar de la salvedad de su dueño: "el agua no la usamos para beber sino para la limpieza".

Un polvorín del General Oribe

Un pequeña quinta de frutas y hortalizas disimula la entrada hacia una de las incógnitas pendientes del pasado de los montevideanos. Debajo de ese breve jardín cultivado que sirve como antesala de la casa de los Guarino, en las faldas del Cerrito de la Victoria, se encuentra la bóveda de un antiguo polvorín del siglo XIX. Casi intacto, espera paciente la lectura desinteresada de los historiadores. Al excavar para enclavar los primeros cimientos de su nueva casa, el Sr Guarino, un sanitario de profesión, se topó con un antiguo hueco. En vez de eludirlo, resolvió seguir excavando: la sorpresa creció a cada palada. Pocas horas después, una bóveda de cinco metros de alto, cuatro de ancho y ocho de largo se extendía ante sus ojos. Bajó como pudo y se percató del aire seco y fresco que flotaba en su interior. Las paredes eran de ladrillo y el piso de tierra. Acababa de descubrir uno de los polvorines construidos y utilizados por el general Manuel Oribe hacia 1843, durante uno de los sitios a Montevideo. En todos los alrededores de lo que sería luego el Cerrito de la Victoria, entonces Villa Restauración, Oribe instaló varios de sus cuarteles. La bóveda debajo de la casa de Guarino corroboró este vínculo histórico: desperdigados en el suelo apisonado encontró balas de cañón, mangos de espadas y otras armas antiguas, restos que se fueron con los años y las canibalescas incursiones de falsos investigadores.La fama de 'la bóveda en la casa de los Guarino' no se hizo esperar y corrió como reguero de la pólvora que alguna vez atesoró. Una tarde de 1975 la noticia llegó hasta el despacho de Vicente Queirolo, comandante en Jefe del Ejército. Horas después dos camionetas descargaron soldados que rodearon e ingresaron a la casa de los Guarino, comandados por Queirolo en persona. Bajaron a la bóveda y tras un breve test in situ aseguraron a Guarino que la propiedad era "legítimamente del Ejército", lo mismo que una casa ubicada a 30 metros del lugar, tan antigua como el viejo polvorín y orientada en la misma dirección que éste. "Son bienes de la Patria", fue la frase lapidaria del General. Las lágrimas de la señora Guarino y las protestas de varias familias comenzaron a escucharse. Con el correr de los días, la expropiación quedó archivada entre asuntos de mayor importancia que llevó adelante el Ejército en esos primeros y agitados años de dictadura. Además, las líneas de defensa del General Oribe se extendieron hasta la playa y puerto del buceo, donde hoy se conserva el edificio de la Aduana que lleva el nombre de este militar. El investigador Roberto Bonada sostiene que otros túneles y depósitos de armas se ocultan bajo algunos predios de la zona. "He sabido que en la calle Riverós a la altura del 1220 un señor cultivaba tomates valiéndose de bayonetas a modo de cañas tacuaras. Por allí han encontrado muchas cosas, y alguna vez las excavaciones podrán rescatar los túneles que recorren la zona hasta llegar a 8 de Octubre", dijo el investigador.

TUPAMAROS Y MILITARES.Fugas y tiroteos en el submundo montevideano

Durante los primeros años de la década del 70, las cloacas de Montevideo fueron también escenario de los enfrentamientos y los esquives de tupamaros y fuerzas del orden. "El olor que hay allí no es comparable a nada [...] y es un olor que lo persigue a uno por días y días", recordó uno de los protagonistas.A pesar de haber soportado la fuga más grande de la historia el año anterior, la cárcel de Punta Carretas seguía siendo utilizada en 1972 como centro de detención de tupamaros y delincuentes comunes. La operación llamada 'El Abuso' de setiembre de 1971 (bajo este nombre también está registrada en el libro Guiness de los récords) había pasado de la cárcel a la clandestinidad a 111 guerrilleros a través de un túnel de 35 metros hecho desde la propia cárcel. El mismo pasaba por debajo de los paredones y de la calle hasta llegar a una casa de familia. En ese año 1972 se produjo una segunda huida de la cárcel de Punta Carretas, y esa vez se utilizaron directamente las redes cloacales de la zona como vía de escape. Estos ramales de saneamiento recolectan las aguas servidas de un cinturón urbano que desemboca bajo la Rambla de Pocitos.

La fuga

Fingiendo diversos malestares, un grupo de trece tupamaros se hicieron trasladar al Hospital de la cárcel -ubicado en la parte sur del viejo complejo-, donde un comando de operaciones, desde el exterior, abriría un boquete en el piso conectado a las cloacas. "Copamos el viejo Hospital y luego salimos por los caños en unos carritos que habíamos diseñado para trasladarnos -cuenta el dirigente del MLN Jorge Zabalza, hoy edil del MPP-. Era como una chata en la que uno se ponía panza abajo; los caños redondos a esa altura no tenían más de medio metro de ancho, pero más abajo son inmensos, con dos veredas a los lados y una gran canaleta en el medio. Te deslizabas por la pendiente y caías directamente en el viejo caño colector; si algo le faltaba a la chata eran frenos." Dos fuentes de Inteligencia policial recordaron que los carros tenían las "ruedas chuecas, abiertas hacia afuera para adherirse mejor a los conductos redondos". Por su parte, Zabalza recuerda hasta hoy lo extenso que se hicieron esos 800 metros de Rambla subterránea que recorrió, flotando, agarrado de los bordes del caño hasta llegar debajo de Avenida Brasil. En esos momentos, la desesperación jugó en contra de uno de sus compañeros de fuga que no soportó la tensión "y abrió una de las tapas de la calle, apareciendo todo lleno de mierda en una parada de ómnibus ubicada en Chucarro y Avenida Brasil; luego me enteré de que apretó a alguien en un coche para que lo sacara del lugar".Al mismo tiempo la Policía ya había dado el alerta por la fuga y comenzaba los rastreos. Desde abajo y ya a lo lejos, Zabalza y sus compañeros oían los disparos de sus perseguidores, que abrían las tapas de la calle y desplegaban una ráfaga de metralleta, aunque sin bajar a las cloacas. Se trataba de la 'Operación Trueno', según dijeron policías de Inteligencia. Ese método comenzó a ser aplicado cuando aún la Policía no tenía un conocimiento acabado de la red cloacal y por ello "se encontraba en desventaja con los Tupamaros", dijeron las fuentes."Seguimos caminando por los caños y salimos atrás del Zoológico de Villa Dolores -prosiguió Zabalza-; había un camión al que le habían hecho un agujero en la caja, y de la cloaca salimos directamente a él. El comando a cargo del operativo siguió por la red de saneamiento hasta la zona del Palacio Legislativo; ellos sí que conocían muy bien los ramales. Nosotros volvimos a la clandestinidad; yo fui al norte del país, donde también utilizamos mucho las redes cloacales, y allí sí hicimos túneles como refugio. Recuerdo por ejemplo el que se hizo en las barrancas del Río Queguay, o el del Arroyo San Francisco, donde está el Matadero."A esa altura los militares ya habían comprendido la importancia estratégica de las redes cloacales para la guerrilla urbana en Montevideo; sabían que los tupamaros habían robado los planos del saneamiento urbano de la Intendencia capitalina y comenzaron a preparar su ofensiva bajo tierra. Mientras eso no ocurría, los policías solían perderse en la red cloacal y más de una vez tuvieron "encuentros fantasmagóricos" en la oscuridad subterránea. Así lo contó un oficial de Inteligencia quien recordó que "abundaban los cirujas" que recorrían las cloacas buscando monedas, anillos u objetos de metal para vender: "los cirujas sabían indicar qué caminos seguir y cuántas bocas había que recorrer para llegar a determinado lugar; eran los mejores guías de la Policía".

Militares bajo tierra

El 27 de mayo de 1972 cayó a manos militares la llamada 'Cárcel del Pueblo', un 'berretín' subterráneo utilizado por la guerrilla para retener e interrogar a diversas personalidades. Ubicado en la calle Juan Paullier 1192, este reducto fue entregado a las Fuerzas Armadas por Héctor Amodio Pérez, ex tupamaro considerado traidor por sus compañeros, quien luego de colaborar con los militares obtuvo su libertad para escapar del país. "En el procedimiento de la Cárcel del Pueblo, también se había llegado por la red cloacal con un grupo estratégico -afirman fuentes de Inteligencia Militar-. Después supimos que ellos habían empezado un túnel de salida hacia las cloacas, pero les faltaba cerca de un metro, si no hubiera habido tiroteos bajo tierra, que igualmente se dieron en otras oportunidades." A comienzos de los años 70, cuando había algún acto político o reuniones masivas, los militares destacaban un grupo especial para cubrir las cloacas "a fin de que no pusieran alguna bomba, por ejemplo; sabíamos claramente de la utilización de los subterráneos en otras guerrillas, urbanas y no urbanas, como la guerra de Vietnam, en donde caminaban kilómetros, trasladando pertrechos e insumos, y salían donde ellos querían". Sabían además que el MLN tenía varios "expertos" en recorrer cloacas "donde es muy fácil perderse", como el caso de Héctor Amodio Pérez que conocía bien los vericuetos subterráneos.En las cloacas, los militares tomaban sus precauciones. Vestidos como buzos, con máscaras y protección en manos y pies, bajaban y recorrían los amplios ramales, encontrando muchas veces salidas desde los 'berretines'.Según recuerdan las fuentes militares, hay cloacas grandes (un hombre puede caminar erguido), medianas (se puede caminar pero encorvado) y chicas (se transita en cuclillas o de rodillas), siendo algunas ovaladas, redondas o rectangulares. Las grandes tienen un cauce en el medio y en los bordes pequeñas veredas. "El olor que hay ahí es insoportable -dice el militar retirado-. Usted me las menciona y me vuelve el olor a la nariz. No es comparable a nada. Es como el olor a una persona muerta y en descomposición, hay que sentirlo para darse cuenta que no se parece a ninguna otra cosa, y es un olor que lo persigue a uno por días y días." En esas incursiones se encontraban con ratas y especialmente con cucarachas. "Las cloacas chicas eran terribles. Uno entraba arrodillado y pegada contra la pared había siempre una franja negra, de unos 40 centímetros de ancho, hasta 50 metros de largo y de unos 6 centímetros de altura, que eran cucarachas. No sé por qué pero estaban todas juntas y como pegadas. Era asqueroso. Muchos de los tupamaros aparecieron comidos por las ratas, se quedaban en las cloacas y aparecían mordidos. Se contagiaron enfermedades crónicas por estar allí abajo; los hongos de las paredes, por ejemplo, no te los sacas más."El oficial retirado aseguró que en varias ocasiones el MLN procedió a ejecutar a algunos de sus miembros que no se ajustaban a la disciplina revolucionaria. "Recuerdo que un tupamaro de apellido Arteche fue ejecutado por sus compañeros y su cuerpo tirado a una cloaca, donde se lo comieron las ratas" añade.

Fernández Huidobro: Las bondades de las cloacas

¿Es cierto que los Tupamaros obtuvieron los planos de la red cloacal de Montevideo? ¡Uy! sí, en plena... eso fue por el 70 o 71. Sí, los tupamaros teníamos los planos de toda la red cloacal que eran de la Intendencia, los usamos bastante y nos dieron buen resultado. ¿Qué beneficios le dio al MLN el conocimiento y uso de estas redes? Eran vías de escape y de acercamiento, y nunca hubo en ellas acciones bélicas hasta el año 1972, en que hubo tiroteos y todo; había muchos locales clandestinos del MLN que tenían su túnel conectado con la cloaca, de modo que si la Policía o el Ejército llegaba, se huía por el caño a las cloacas y por las cloacas a la mierda, propiamente dicha. Nosotros fabricamos carritos de diferentes tamaños para trasladarnos por abajo. En el museo policial en la Seccional 9º hasta hace poco se veían. Pero las mujeres también se escaparon por las cloacas el 31 de julio del 71, cuando quedó la cárcel vacía. Corrieron cuadras por las cloacas de la calle Cabildo. Esas sí que son enormes... ...pero debe ser bastante inhóspito vivir o permanecer allí abajo por mucho tiempo. No, no vivíamos allí como dicen, es imposible, podés agarrar cualquier tipo de enfermedad crónica, no se puede. Además cuando llueve, por ejemplo, son peligrosísimas, la fuerza del agua te arrastra. A veces había que salir levantando una tapa en cualquier sitio por eso. Las cloacas son peligrosas además por los escapes de la Compañía del Gas y por los vertimientos químicos e industriales de muchas fábricas, a pesar de estar prohibidos.

Fuente: https://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=907230
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